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Boyacá en bicicleta: 340 km en 4 días

Boyacá en bicicleta: 340 km en 4 días

La espera había terminado. Después de una amarga lesión en diciembre en la cocina, que pasó factura por 60 días, llegó semana santa. Durante la lesión, la bici estática me refugió. Pero la bici de ciclomontañismo me solicitaba.
Revisé el trayecto por lo menos 8 veces. Tomé poca información de Google Maps, para poder fantasear con lo que encontraría en el camino. Y nunca había viajado solo varios días en bici.
Decidí mi ruta considerando que soy boyacense un 99%. El 1% es el no haber nacido allí. En el Valle de Tenza reposan archivos de mi infancia, Tunja y alrededores dominan mi vida actual, Chiquinquirá alberga una familia que considero propia.
El domingo de Bogotá – Somondoco fue sencillo. El Alto del Sisga lo ascendí en modo ‘conservación’. El descenso fue en modo ‘carrera’, mala idea si no se está en carrera y si se está solo, pero bueno, acá estoy. Supe que tenía que volver a Tibirita (cerca de 15 km en su mayoría ascenso al 7%). Ya cansando, en Guateque quería cambiar la bici por una bolsa de agua. Ese día fueron 140 km y 2.500 metros de ascenso.

 

Guateque

El lunes el recorrido fue: Tibirita – La Capilla – Tenza – Guateque. Descubrí uno de mis puertos favoritos: Alto de La Capilla. Categoría 2, con 6.9 km al 9%. Fueron 41 km con 1.600 metros de desnivel. Las piernas imploraban descanso, glucógeno y proteína de calidad.
“El martes será de transición, plano y tranquilo”, intuí. Fueron 52 km y 2.200 metros ascendentes, entre La Capilla – Pachavita – Tibaná – Jenesano. La intuición no había funcionado pero las piernas sí. La vibración en descensos me recordaba que fui operado para reparar nervios y tendones afectados en la cocina cuatro meses atrás. Incómodo.

El almuerzo en Tibaná fue delicioso pero no lo repetiría: pollo frito y gaseosa -exceso de grasa y azúcares simples-. Los 8 km a Jenesano son un exquisito plano, digno de contrarreloj individual.

Jenesano

La bici me dijo “o me lava o mañana lo abandono al sol de mediodía”. Le hice caso. Ellas son caprichosas. Dormí en un hotel que devino hogar.
El miércoles debía llegar a Chiquinquirá. Tenía un asunto laboral que atender. No contaba con los 18 km entre Jenesano y Tierra Negra, en su mayoría ascendiendo -contaba con 4 km-. Los días anteriores pesaban. Pero la meta del día no era negociable.

Una arepa boyacense me animó a llegar a Tinjacá. Venía el ascenso a Chiquinquirá: 7.4 km al 6%.
Encontré compañeros de viaje, de los que no se saludan ni tampoco se despiden pero que permiten una conversación amena; desde Villapinzón iban a pagar promesa a la Virgen de Chiquinquirá. Xue fue omnipresente: no tuvimos 10 segundos continuos de sombra. En Chiquinquirá el reto había sido cumplido: cerca de 340 km y 8.000 metros ascendentes. El jueves merecido descanso.

En los 4 días no tuve pinchazo, ni problema con la cadenilla. La bici fue generosa y agradeció la lavada en Jenesano y el mantenimiento previo. Fuimos felices y quedamos con ganas de más.

Para la próxima: llevaría más alimentos y de mejor calidad. Reduciría peso del equipaje y el mío. Más y mejores fotografías. Más y mejores líquidos.
Hablaremos próximamente sobre nuevas rutas.

 

Juan Camilo.

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